SEGUIR ADELANTE

Por
Mario Góngora H.

La principal razón por la que no prosperamos no es la mala suerte, sino la falta de constancia, de contar con el suficiente entusiasmo para seguir adelante con nuestros planes y metas.

Si solo pusiéramos todas nuestras fuerzas y toda nuestra dedicación en hacer una cosa bien, no existirían personas sin éxito, pues el progreso y la felicidad no nos llegan por casualidad; nos las tenemos que ganar en base en ser constantes en todo lo que hacemos.

Sin constancia, nadie termina una carrera, ni escribe un libro ni logra alguno de sus objetivos. Con o sin estudios toda persona puede al menos perfeccionarse en su trabajo, pues no es el tipo de trabajo que uno tiene lo que cuenta, sino qué tan hábiles somos en desempeñarlo, logrando con esto al fin de cuentas, un gran placer al desempeñarlo.

Sin constancia es como cuando nos dejan una tarea de fin de semana en la escuela y en lugar de hacerla rápido, con gusto y bien hecha, nos esperamos hasta el domingo en la noche, no habiendo podido disfrutar realmente de sábado y domingo.

Grandes pintores como Miguel Ángel o Leonardo tardaron años en terminar algunas de sus obras. Ocho años el primero para pintar el “Juicio Final” y cuatro años De Vinci en pintar la “Mona Lisa”, aunque algunos conocedores dicen que nunca la terminó a su gusto, sino que la mejoraba constantemente.

Hacer lo que no se puede hacer no es tarea fácil, por eso existen grandes genios y artistas con todo su mérito. Fueron capaces de seguir adelante a pesar de todos los obstáculos, incluyendo en ocasiones los pensamientos limitativos que todos tenemos en ocasiones. Es cuando nos encontramos ante tantas situaciones desfavorables que nos hacen pensar que ya todo se acabó para nosotros, precisamente cuando debemos seguir adelante; tener la constancia para no rendirnos. Y probablemente nunca faltará quien se burle de nuestros planes y esfuerzos, pero nunca debemos desalentarnos por sus palabras, siendo constantes siempre.

El conjunto de constancia, fe y entusiasmo es la fórmula mágica. Nada reemplaza la tenacidad que va de la mano de la constancia. Ese esfuerzo adicional de seguir adelante es lo que hace la diferencia entre el fracaso y el éxito, porque la diferencia entre ambas en ocasiones es muy pequeña.

Nadie fracasamos si no hemos realizado nuestro último intento. Tan seguro como que una gota más de agua puede provocar una inundación, un pequeño esfuerzo más de trabajo, de estudio o de tiempo puede impedir nuestro fracaso.

“Constancia es la firmeza y perseverancia en las resoluciones, en los propósitos o en las acciones.”