AYUDA O POPULISMO

Por Mario Góngora H.

Ayudar a la gente no es tarea fácil. Requiere de tacto y de visión.

El populismo y el paternalismo están bien si se le puede considerar como el arte de enseñar a la gente a bastarse a sí misma y no para destruir a unos por halagar a otros. El regalar pollos, por ejemplo, es un acto de populismo que desafortunadamente se mide como “estar acabando con el hambre y la pobreza” por cada pollo regalado. Un gobernante es como un padre de familia que le da todo a sus hijos, y al hacerlo en realidad los está perjudicando.

En la industria y el comercio sucede lo mismo. Un patrón quiere sacar tanto dinero como le sea posible a su negocio. Por otro lado, el empleado quiere también sacar de su trabajo cuanto pueda. Pero es imposible que ambos o cualquiera de ellos gane absolutamente. Los dos le son indispensable a la sociedad. Y la falta de visión de una izquierda auténticamente retrógrada quisiera que toda industria y todo comercio sea “de los trabajadores”, obviamente controlados por un gobierno que decide precios y sueldos y que sin excepción crea un absoluto desabasto, como sucede en la actualidad en Venezuela.

Ni la industria ni el comercio pueden existir sin el trabajador. Por esta misma razón, los trabajadores no pueden derrotar ni el comercio ni la industria sin derrotarse a sí mismos. El trabajo es, cuando menos, tan importante como el capital y tiene igual derecho a buscar su mejoramiento.

El gobierno, es un clásico corruptor de sindicatos. La vieja y obsoleta izquierda le ha hecho pensar forzadamente al capital que los sindicatos son una amenaza. Y así, esa izquierda, piensa que invariablemente los huelguistas siempre tienen la razón y que perder una huelga es una afrenta a la clase trabajadora.

Gracias al populismo, que en nada ayuda a los pobres, se le hace pensar a la ciudadanía que necesitamos echarnos un clavado en el agua cada vez que queramos coger un pescado. No es necesario ir a la huelga cada vez que se demande algo.

En realidad, los sindicatos no son ninguna amenaza para nadie si se mantienen dentro del orden y de la razón. Como en todo, son los excesos a que los arrastran los ruines intereses de algunos de sus líderes millonarios, los que en realidad sí representan una amenaza para los trabajadores. Y ni que decir de algunos empresarios corruptos, explotadores y avaros….

Siempre es lógico que para obtener algo, tenemos que dar en alguna forma, su equivalente. En una negociación, ambas partes tienen que ceder algo equivalente. Nadie se enriquece (salvo los líderes) si trae pobreza y malestar a ambas partes, como de hecho ha sucedido en algunas ocasiones en esta misma ciudad.

El populismo no es ayuda. Nuestros gobernantes saben que nos comportamos según intereses económicos a corto plazo. Por eso los pollos, las despensas, etc. Quien haya visitado un manicomio, sabe que son pocos los vigilantes que puedan dominar y controlar tantos locos. Nunca se pueden poner de acuerdo entre ellos. Lo mismo nos sucede a los ciudadanos.