CAMBIOS DE PERSONALIDAD

Por Mario Góngora H.

Socialmente, cada persona tiene tantas personalidades como grupos u organizaciones pertenezca o frecuenta y con quienes se sienta integrado. A cada grupo le muestra una cara, un aspecto diferente de su personalidad o de su naturaleza. El hombre tiende a ser diferente en su vida privada, en los negocios y en sus círculos sociales.

Si en nuestras relaciones sociales éstas no son todo lo que hubiéramos deseado como consecuencia a alguna idiosincrasia nuestra, está en nosotros poderlas cambiar.

Ocasionalmente no nos damos verdadera cuenta de cómo somos. Necesitamos observar cómo responden los demás ante las cosas que hacemos y cómo reaccionan a nuestra conducta para ellos.

Podemos estar dotados de muchos dones y cualidades, pero no nos sirven de mucho sin no adquirimos el arte de agradar a la mayoría que nos rodea. Mientas más se acentúa el magnetismo personal, mayor éxito del individuo.

Si bien, no podemos darle gusto a todo el mundo, podemos intentar agradar a todos y encontrar también agrado en todos. A veces la persona que no nos causa una buena impresión la primera vez que la vemos, nos cae bien o nos agrada a la segunda. Esto sucede porque cuando hacemos consciente el caerle bien a alguien, nos vemos peor. Así mismo, los que habían causado una buena impresión nos causan decepción cuando los tratamos un poco más.

El tacto es esa cualidad de mantenerse quieto cuando debemos estarlo. También, de ser tan considerados con los demás que ellos se vean obligados a pagarnos igual, por el efecto “rapport” que es cuando dos o más personas sienten que están en “sintonía” psicológica y emocional (simpatía), porque se sienten similares o se relacionan bien entre sí. La teoría del rapport incluye tres componentes conductuales: atención mutua, positividad mutua y coordinación. Nos hace que la inferioridad se sienta como igualdad.

Una persona con tacto, se dice, puede quitarle el veneno a una serpiente sin ser mordido. Nunca podremos lograr que la gente nos muestre lo mejor de ella si usamos solamente la intolerancia. En cambio, casi todo se puede lograr apelando a los sentimientos y la razón de nuestros semejantes. La tolerancia es tanto signo de talento, así como de sabiduría.

Con frecuencia tenemos que ceder ante algo, aunque nosotros tengamos la razón y los otros estén equivocados, porque así al menos no recibimos violencia física o emocional. Por cierto esto es clave en la vida en pareja. Si lo intentamos, podemos escoger nuestra personalidad y ejercitarla a diario.