LOS APUROS

Por
Mario Góngora H.

Los apuros, las preocupaciones, nos disminuyen la moral y nuestra eficiencia. Y aunque parezca extraño, a mayor inteligencia, mayor la tendencia a estar preocupados por todo. Y el tener apuros no es tanto un pensamiento, sino es producto de algo que nos parece una realidad, pero rara vez tiene una relación con los hechos. Además nos causea una enorme pérdida de tiempo y pérdida de energía, siendo uno de los principales motivos de la infelicidad la cual a su vez, nos da una pérdida de salud.

Si tenemos la habilidad de analizar nuestras dificultades en “tercera posición”, o sea, desde el punto de vista de una tercer persona, como si el apuro no fuera nuestro, como si fuera un conflicto ajeno, podremos analizar mejor las cosas. Es como si estuviéramos viendo una película de nosotros mismos.

El mejor momento para rechazar o cambiar nuestra emoción respecto a una preocupación es el mismo momento en que penetra nuestra mente, no cuando ya se ha quedado a vivir ahí. Es como cuando nuestro peso normal excede uno o dos kilos que podemos combatir la obesidad, no cuando ya pesamos cincuenta kilos más.

Y cuando tomemos una decisión, no dejemos que la duda nos invada, pues nos quita las energías que necesitamos para la acción. Aún si nuestra decisión es equivocada, es mejor que el efecto corrosivo de la duda y el miedo.

Muchos, la mayoría de nuestros temores y grandes peligros que creemos que encontraremos, son solo creaciones de nuestros miedos y nuestra ignorancia.

La vida nunca hay que considerarla como un problema sin solución, sino más bien, como una serie de situaciones específicas las cuales tenemos que enfrentar con confianza en nosotros mismos, y con valor.

Siendo como es nuestra naturaleza humana, no faltan momentos en que la vida parece perder mucho de su encanto, pero entonces tenemos que recordar que el temor y la preocupación no pueden cambiar las cosas a nuestro favor. Un simple diálogo interno nos ayuda: ¿“puedo hacer algo en este momento”? si la respuesta es “no”, entonces el diálogo continúa….¿”entonces de qué me apuro?”

Cuando una persona se inicia en el pensamiento que la suerte está en su contra, o de que es tratado con injusticia, eso le quita la mitad de su capacidad productiva. En un estado hipnótico, una persona puede aumentar su fuerza física en un 40%, pero cuando ha recibido la sugestión de que es débil, su fuerza desciende hasta en un 70%.

Lo mejor que hay en una persona es la fuerza y cantidad de su optimismo. El optimista saca la buena suerte de su fe, pues ve al mundo mejor. Lo que podría ser una pérdida lo convierte en ganancia y pase lo que pase, se mantiene sereno y tranquilo, cosas indispensable para el bienestar humano.

No hay situación en el mundo, por muy mala que parezca, que no pueda mejorarse con buena voluntad y constancia.