EL RETIRO

Por Mario Góngora H.

Muchas personas solo esperan el momento de su retiro del trabajo, sin pensar que también significa el retiro de la vida.

El que se retira de la lucha cotidiana deja de crecer y por consiguiente no pude ser feliz. Se necesita volver a estudiar, volver a escribir, encontrar un nuevo entusiasmo en producir y contribuir. En el tiempo del retiro, es indudable que ahora con toda la experiencia, éxitos y derrotas, se deben tener nuevas y mayores aspiraciones que las que ya se habían realizado. Si el que aspira al retiro se pusiera en acción para volver realidad todo con lo que soñó y no realizó, encontraría mayor felicidad que nunca antes.

Debemos retirarnos de trabajar solamente por extrema decrepitud o porque nos llevan al cementerio.

Cuando la vida empiece a fastidiarnos, a parecer monótona o aburrida, busquemos una nueva ambición (más no codicia). Intentemos ser algo más de lo que hemos sido hasta la fecha. Cuando lo que hacemos nos parezca rutinario y tonto a pesar de que ganemos dinero en ello, es que ya necesitamos iniciarnos en algo mayor.

Algunos podemos caminar pausadamente por donde otros van en autos último modelo a toda velocidad. Sin embargo, nosotros los que caminamos un poco más lento, llegamos por lo general a donde nos proponemos, mientras que muchos de los que van demasiado rápido vuelcan en la primera curva. Si la carrera es un maratón, no hay por qué correr como en la competencia de cien metros planos.

Son muy pocos los que pueden vivir solamente de su inteligencia o de su astucia sin esfuerzo personal alguno. Sin embargo, la demasiada inactividad y el dinero en abundancia casi siempre producen un estado patológico en el individuo. El ocioso muchas veces se convierte en vicioso.

La salud y la longevidad son inseparables del trabajo; éste proporciona a nuestros pulmones el oxígeno que necesitamos, nos da el apetito y la digestión adecuada para llevar una vida activa y vigorosa, al igual que nuestro cerebro se mantiene también vigente.

Para sanar la monotonía del trabajo, no hay nada como tratar de mejorarlo continuamente. La cooperación de algunos trabajadores falta porque no se les ha hecho entender que en los negocios y en el trabajo, no se busca solamente dinero, sino la satisfacción de llegar a lo que uno se ha propuesto; de sentir orgullo por el trabajo bien hecho.

Es la pereza para pensar la que engendra la falta de interés y dedicación y todas las demás formas de pereza.

Existen personas inteligentes y trabajadoras que no se encuentran dispuestas a tener una sola actividad en su vida y servir eternamente en un empleo, y en sus ratos de ocio, empiezan a involucrarse en música, pintura, escritura, arquitectura, etc., y acaban por adquirir en esas ramas, la competencia necesaria para ejercerlas como profesionales. Un pasatiempo, un entretenimiento útil crea otra profesión con mucha frecuencia.

Para hacer la vida llevadera necesitamos siempre estar ocupados, y así, el placer de trabajar nos compensará de las desilusiones que encontraremos. La constante ocupación, es la medicina del espíritu, es nuestra vida misma.