RESPETO A SÍ MISMO

Por
Mario Góngora H.

Quien no se respeta a sí mismo, así como el que siendo funcionario público no respeta a los ciudadanos, violando él mismo reglamentos y leyes, nadie lo puede respetar.

El éxito personal, así como ganarse el respeto de los demás, es un asunto de amor propio, dependiendo del individuo mismo y de la calidad de su esfuerzo, pero sobre todo de su educación desde el hogar.

El amor propio es la espina dorsal del carácter. Todo lo que el mundo nos puede ofrecer son oportunidades y no tenemos derecho a pedir más, mucho menos a adjudicarnos derechos que no nos pertenecen.

Todos nos vemos alguna vez en la vida en una situación de elevarnos por nosotros mismos o de otro modo a quedarnos abajo; pero el tener que abrirnos paso por nosotros mismos nos da más habilidades, nos hace más modestos y nos otorga también un criterio más amplio.

Los cientos de miles de fracasados que han existido desde la creación del mundo, no pueden excusar ningún fracaso nuestro, muchos menos nuestros abusos y pifias. La mayoría hace su mejor esfuerzo cuando recibe estímulo y palmaditas, pero muchos otros necesitan ser sacudidos y puestos en su lugar para llegar al mismo resultado.

Aunque un poco en forma de aprobación y en ocasiones de adulación, los que esperan ser favorecidos, que pudiera entenderse como un remedio contra los complejos de inferioridad de algunos funcionarios y demás personas, no son la solución. El que no espera ayuda no le teme al fracaso. El pobre con amor propio va aprendiendo a bastarse a sí mismo, a vencer las dificultades que se le presentan, adquiriendo el impulso espiritual que ha de conducirlo al triunfo.

Pero el que ha subido escalafones por medio de adulación, favoritismos, intrigas, porros, y engaños no ha descubierto que todos tenemos que acumular nuestras propias fuerzas y depender de nuestros propios recursos para ser dichosos.

Hay una inmensa fuerza en la ‘soledad’, de no necesitar prebendas; un poder casi invencible en el hombre que está resuelto a bastarse solo y hasta morirse si es necesario, en todas las circunstancias en que le sea posible o necesario hacerlo.

Todo aquel que ha logrado algo con favoritismos, no solo no se respeta a sí mismo, lo hace pobre de espíritu. Bastarse a sí mismo y progresar, ya sea en el mundo político o en mundo del simple mortal, es la medida del que en verdad se considera hombre.

Los mejores hombres en una sociedad son aquellos que hacen más por ésta, que dan el mejor ejemplo respetando a los demás, sin creerse con derechos y privilegios que se quieren adjudicar pero que no son de ellos.

El dar y respetar en un honor. El adjudicarse lo que a uno no le corresponde es un dolor. El hombre sin carácter batallará mucho el abandonar un papel de prepotencia e impunidad una vez asumido. Jamás se respetará a sí mismo.