(QUE SE INICIÓ UNA NOCHE BUENA)
Primera parte
Por Mario Góngora H.
La historia que a continuación narraré, fue encontrada escrita de puño y letra por mi abuelo Nabor Hernández después de su fallecimiento. No sé cuándo la escribió, ni de donde la copió, ni si él la escribió, pero es una prueba que no sale de un cerebro sino lo que ha entrado en él. Es larga por lo que tendrá que ser en varias partes. Dice así:
Ese 24 de diciembre, afuera el tiempo era infernal, llovía, nevaba y soplaba un descomunal viento; solo sentía una vaga sensación de que estaba donde los elementos no podían afectarme. Mientras soñaba despierto y tomaba a sorbitos un café bien caliente, se abrió la puerta y apareció en ella Bretón, un viejo amigo quien era un fracasado completo a pesar de su talento artístico nada común. Había caído en la rutina de los buenos para nada y llegado a la insolvencia.
Al ver a mi amigo, no pude menos que sorprenderme del cambio en su apariencia; este cambio no lo causaba su indumentaria, pues llevaba el miso abrigo raído y el mismo sombrero grasiento, sin embargo, había algo nuevo y extraño en su apariencia. Y cuando sacudió el sombrero para quitarle la nieve que lo cubría, algo de nuevo también había en su gesticulación. Nunca lo había invitado a comer, que yo recordara, pero esta vez lo hice involuntariamente. Hizo un gesto de asentimiento y tomó asiento frente a mí. Le pregunté que gustaba tomar y después de consultar el menú despreocupadamente pidió lo que quiso y me invitó a acompañarlo con el café. Yo lo observé con asombro estúpido, y como yo había invitado, me preparé a pagar, a pesar de que sabía bien que no llevaba suficiente dinero.
Entretanto, con admiración noté en sus ojos habitualmente opacos un brillo singular y en sus mejillas el color que dan la salud y el bienestar. ¿Se ha muerto algún pariente rico?, le pregunté. No, me contestó, pero he encontrado mi amuleto. ¿Moneda o herradura? Le dije bromeando.
Amigo, me dijo mi amigo al fin, deteniendo la taza de café que se llevaba a los labios, bien veo que te he sorprendido y no me extraña, porque yo mismo me desconozco, soy un hombre diferente, un hombre nuevo, y el cambio en mi se ha operado en unas cuantas horas. Muchas veces me has visto entrar a este restaurant y te has hecho el disimulado, no porque no quieras invitarme a comer, sino porque no tenías dinero para ello. ¿Es esa tu cuenta? Dámela. No traigo dinero en esto momento, pero….vas a ver. Llamó al mesero, firmó su cuenta y la mía, se las entregó y le hizo un ademán de que se retirara. Después guardó silencio mientras sonriente leía en mis ojos el asombro que yo en vano trataba de ocultar.
¿Has conocido algún artista con más talento que yo?, me preguntó de pronto. ¡No!, se contestó él mismo. ¿Existe algo concerniente a mi profesión que yo no sea capaz de realizar? ¡No y no! Tu has sido reportero por siete u ocho años, ¿acaso recuerdas que yo haya tenido crédito alguna vez antes de ahora? ¡No!. ¿Se me negó el crédito hoy? Tu has visto que no. Hoy empiezo mi nueva carrera. Dentro de un mes tendré cuenta abierta en el banco. ¿Por qué? Porque he descubierto el secreto del éxito.
Como yo no contesté, siguió monologando. Mi fortuna está hecha, he estado leyendo una extraña historia y desde entonces siento que mi porvenir está asegurado. Esta historia hará tu fortuna también, todo lo que tienes que hacer es leerla, no tienes idea de lo que con ella lograrás; todo conseguirás cuando la sepas, todo lo vuelve tan sencillo como el abecedario. Tan pronto como te posesiones de su verdadero significado, tu éxito es seguro. Esta mañana era yo un andrajo humano en el basurero metropolitano, sin embargo, esta noche no me cambio ni por un millonario… (continuará)
