EL EQUILIBRIO

EL EQUILIBRIO

Por Mario Góngora H.

La salud se gana y se conserva por un sencillo método que no sigue nuestra sociedad actual. Es el premio a la vida sencilla, a una buena y sana alimentación, a un trabajo que nos agrade, a una moderación en todo, y lo más importante, a contar con paz en nuestro espíritu.

Lo que necesitamos para nuestro bienestar físico es solamente el equilibrio en todo lo que hacemos. Ni todo el ejercicio físico del mundo nos servirá si nos empeñamos en comer alimentos poco sanos, en comer lo que sabemos que nos hace mal; y el comer adecuadamente no servirá de mucho a la falta de descanso, aire puro y sol—a pesar de las amenazas de cáncer en la piel. Y todo esto, no nos servirá de mucho si no tenemos paz y tranquilidad en nuestra vida y en nuestro trabajo. El contar con músculos de atleta o el estar con sobrepeso no son prueba de estar sanos.

Es un poco extraño que teniendo muchas más comodidades que antes y alimentos más complicados, no estemos más contentos y felices. A nuestra falta de disciplina le llamamos compromisos, exceso de trabajo, ansiedad, y esto último lo tratamos de solucionar con drogas y medicamentos. En realidad, para que la salud médica tenga éxito solo es necesario tener los pensamientos adecuados. Nuestros pensamientos nos producirán salud o enfermedad, según sea lo que pensemos. Es frecuente que sea la calidad de nuestros pensamientos, nuestra falta de fe en medicamentos, médicos y sobre todo en nosotros mismos lo que representen nuestra debilidad y deterioro. Fe y esperanza son agentes terapéuticos importantes y poderosos.

Vida y destino dependen de lo que pensemos.

El mismo agente que causa una enfermedad, puede ser usado para curarla. La adecuación mental sana o modifica innumerables enfermedades. Todo cuerpo humano lleva el antídoto suficiente para combatir todo agente patológico que penetre el él. Darle al paciente la seguridad de su curación es el primer requisito para sanarlo. La seguridad de sanar basados en la fe religiosa explica muchos milagros. Obviamente somos más que la suma de nuestros órganos.

Los medicamentos que son recetados por los médicos son la tercera causa de muerte en los Estados Unidos. Y estos medicamentos por sí mismos no curan ninguna enfermedad. Las terapias que realmente curan son las que abarcan cuerpo y el alma. Por lo general los compuestos químicos no curan sin los elementos del pensamiento y los sentimientos—más allá de las emociones. Para la mente inconsciente, lo mismo es pensar que hacer.

Ni la quimios ni las radio terapias sanarán algún cáncer sin el elemento del perdón; de abandonar los resentimientos o el odio por alguien. La vida en sí es un médico y la personalidad y el estado emocional de cada paciente debe ser estudiada y evaluada igual que el corazón, los pulmones o el aparato digestivo. Un hogar infeliz, o un hijo descarriado son especiales para bajar las autodefensas del cuerpo y enfermar de casi cualquier cosa. Todo aquello que interfiere en el equilibrio mente-espíritu contribuye a la enfermedad.