FASTIDIO Y DESALIENTO
Por
Mario Góngora H.
Fastidio, según se define, significa disgusto, molestia o cansancio debido generalmente a un contratiempo de poca importancia o una situación ligeramente desagradable. Desaliento se define como decaimiento del ánimo o de la energía para continuar haciendo algo.
Es común que lo que tiene enfermos a muchos, es una baja auto estima, el pensar que se vale siquiera algo, por situaciones como el tedio, el cansancio de cuanto existe y hasta de matrimonios desgraciados.
El fastidio es una de las sensaciones más negativas que podemos tener. Nos lleva al desaliento, el cual representa un estado de ánimo opuesto a la confianza. Es por esto que el tratamiento de muchas enfermedades del cuerpo no podemos separarlo del tratamiento de varias situaciones mentales y hasta espirituales.
En realidad, la medida de nuestro bienestar físico, no lo podemos apartar del estado mental en el que nos encontremos. En la mayoría de los casos, con el cambio de opinión de nosotros mismos, podemos despertar un nuevo interés en la vida.
Es interesante notar que los dolores físicos de origen emocional, y principalmente sentimental, con frecuencia son más severos que los de origen orgánico. El cansancio de origen nervioso es peor que la fatiga muscular. El único remedio es cambiarse uno mismo, al modificar los hábitos mentales nocivos, por buenos. Se trata de obtener una ecuanimidad y una personalidad “normal” ¿Cómo? Cambiando nuestros pensamientos.
La ira, el miedo, los celos, la venganza y todas las pasiones violenta son venenos que penetran en todo nuestro ser. La calidad de los alimentos es menos importante que el estado mental del que la come, pues el veneno no está en la comida sino en la mente del que la ingiere.
El propósito del cambio de pensamiento no es solamente el acabar con síntomas y enfermedades, sino que la persona sea dueña de sí misma. Si bien, en ocasiones no es difícil que penetren en nuestra mente pensamientos nocivos, pero en realidad podemos evitar que permanezcan ahí.
Para descubrir las necesidades de un cuerpo sano se necesitan la paciencia y el estudio, así como para descubrir los alimentos apropiados para el espíritu. Hay que pensar bien para estar bien.
Terminar con el fastidio y el desaliento, es el medio más racional y efectivo para sanar, esto es, reeducando a través de nuestras acciones el carácter y evitando que en nuestros pensamientos sean una negación de la vida. Intentemos dar ejemplo del cambio.
“La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos”. (San Fco. de Asís)
