NO RETROCEDER
Por
Mario Góngora H.
El peor error en un viaje, es iniciar el camino en sentido contrario, en lugar de hacerlo hacia adelante. Y aparentemente es el mismo defecto que muestran algunos ciudadanos cuando para hacerse ricos quieren volver a sistemas de gobierno ya abandonados por la mayoría por inútiles y que a pesar de eso, algunos toman como novedad. Regresar a la China de Mao, a la Corea del norte, a la misma Cuba de Fidel, o a la Venezuela de Maduro pudiera estar bien, si lo que queremos es repartir la pobreza.
Dígase lo que se diga, en el mundo predominan los individualistas. Se coopera con los demás porque eso es lo que está a favor de un individualismo más amplio, y es importante hacer felices a los demás porque es la única manera de ser dichosos nosotros mismos.
Aunque todavía hay algunos que desean que la riqueza sea distribuida por igual, la realidad es que todos queremos duplicar, al menos, nuestros ingresos. El llamado socialismo del siglo XXI que ahora se predica y se desea, no va a curar a nadie de la ambición ni de la codicia de acaparar cada vez más. Nuestro remedio consiste en educar a la humanidad de tal forma, que coopere espontáneamente para todo aquello que sea de beneficio público auténtico, que se haga una guerra al desperdicio y a la ineficiencia y que se establezcan principios que al mismo tiempo, desarrollen la industria y los negocios que permitan servir a la sociedad equitativamente.
Generalmente hay igualdades que solo lo son en apariencia, pero sacamos de la vida según lo que contribuimos a ella. La sociedad en evolución, adquirirá un nuevo balance, y la distribución de la riqueza tendrá que cambiar de alguna forma, pero dichos cambios serán similares a los que se han venido verificando en todos los tiempos los cuales seguramente no harán gran diferencia en la vida de la humanidad, a menos que la humanidad misma llegara a cambiar.
Cambiar las circunstancias no significa cambiar la naturaleza humana.
El reducir el costo de la vida y mejorar la retribución del trabajo harán más por la abolición de la pobreza que cualquier medida filantrópica, caritativa o revolucionaria. La única revolución que necesitamos es la que nos haga más disciplinados, más trabajadores, más eficientes, modestos y caritativos.
Permitir a una persona que trabaja en serio, que acumule alguna riqueza está bien pues ayuda a formar ciudadanos respetables con ambiciones racionales.
En realidad nadie ama al capitalismo, ni se convierte en mártir por él, ni se enorgullece de él, pero en la práctica nadie lo rechaza, y la historia nos dice que los que de él se han separado han vuelto a adoptarlo por necesidad, o tomado como la solución a sus problemas de pobreza y sobrepoblación, como el caso de China.
Aunque lentamente, la gente empieza a comprender que hacer negocios no es solo una profesión, sino todo un arte, y que no significa simplemente luchar por el dinero, sino hacer algo por los demás. Debe tocarle más, al que más lo merezca.
