EL DÍA MÁS NEGRO
Por Mario Góngora H.
El día más negro en la vida del hombre es cuando se sienta a pensar como conseguir algo sin haber trabajado.
El populismo de los políticos se especializa precisamente en eso, en hacerle pensar a la gente que todo lo obtendrá gratis, fácil y sin esfuerzo. Sin embargo, el hombre que se considera íntegro, no necesita buscar en todo momento quien lo apoye. El día más negro en la vida del hombre es pensar que el socialismo reflejado en un partido político, le dará todo lo que merece.
Fidel Castro en Cuba ofreció hace tiempo:: “Desde junio daremos chocolatines con leche a las provincias orientales de la isla”, anunció, bajo los aplausos de su audiencia, “para indicar que este beneficio se hará extensivo a todo el país en un futuro cercano”. Los días siguen siendo negros para nuestros hermanos cubanos con esta “justicia social” que les ofrece su dictador.
Por el otro lado aquel líder socialista de España José Luis Rodríguez Zapatero ofrecía “más gimnasia, menos religión” a su pueblo. Zapatero además, pretendía entregar a los musulmanes una catedral católica en un desafío abierto a la religión preponderante en España atentando directamente contra la libertad religiosa y de culto. Siguiendo la filosofía del partido de izquierda español PSOE, quienes afirmaban que “hay una serie de consideraciones morales y religiosas de las que hay que deshacerse”, Zapatero se comprometía a “acabar con la moral y actitudes carcas…”
Zapatero era congruente con la siguiente afirmación: “Existen además verdades eternas, tales como la libertad, la justicia, etc. que son comunes a todo estado de la sociedad. Pero el comunismo quiere abolir estas verdades eternas, quiere abolir la religión y la moral, en lugar de darles una forma nueva, y por eso contradice todo el desarrollo histórico anterior” (K. Marx—F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).
Es cierto, el mundo es demasiado grande para que podamos reformarlo, pero muy bien podemos hacer nuestra parte. El mejoramiento de la humanidad es un proceso largo y lleno de esfuerzos, no se obtiene de un día para otro por medio de discursos populistas al estilo AMLO. La única solución para salir de la obscuridad a la luz, es la de inculcar en nuestros hijos la importancia de ser industriosos, estudiosos, amorosos, perseverantes, corteses, leales, trabajadores, honestos y respetuosos de los demás. No hay mejor discurso que el alentar a la gente de bien y ponerle el ejemplo.
La moralidad es una conveniencia que es reconocida por las conciencias tanto del bueno como del perverso. Pero si no existen objeciones al aborto, a la eutanasia, al dinero mal habido, a la impunidad, a la corrupción, muchos los practicarán.
El carácter de una persona se reconoce observando como se comporta en las situaciones difíciles, en la opresión y en la injusticia. Pero también se reconoce por su comportamiento en la forma en que emplea sus recursos, en el trato que les da a los demás y sobre todo, por la manera en que cumple con sus obligaciones.
Lo importante para el país no es lo que la demagogia de algunos políticos prometa, ni mucho menos los actos vandálicos como algunas manifestaciones destruyendo parte de la historia del país. Es preferible correr todos los riesgos y sufrir todos los fracasos que hay que sufrir, para realizar grandes obras y para obtener los grandes triunfos, que descender al nivel de esos pobres de espíritu que pretenden que la impunidad acabe ahogándonos.
