LOS ELEGIDOS

Por Mario Góngora H.
Los elegidos son aquellos que nunca llevan en los ojos la venda de la duda, los que a pesar de los acontecimientos negativos que atacan la sociedad, conservan íntegra su esperanza y su valor. Las murallas se vienen abajo, los imperios de la maldad tienen su Waterloo al final de cuentas, pero los que tienen grandes ideales siguen siendo los conquistadores del mundo, los elegidos.

Todos tenemos mucho por qué luchar, principalmente por la libertad social, la económica, la mental y la espiritual, pues solo el corazón libre además de puro, es feliz.

Es cierto, si no nos involucramos en negocios ilegales lo más probable es que no tengamos recursos para adquirir palacios ni extensas tierras, ni vajillas de plata ni de oro.

El hombre elegido no se interesa por cosas tan superfluas como esas. A más posesión de bienes, mayor el tormento por la posibilidad de perderlos. Los que todo lo obtienen fácil y sin trabajo, son verdaderamente pobres pues sus razonamientos, sus principios, sus valores y sus apetitos son de barro. Se desmoronan con la facilidad.

Los que todo lo obtienen fácil, les parece poco aunque sea mucho, pero los elegidos lo poco que tienen les es suficiente. Los deseos de los primeros son insaciables, mientras que los de los segundos están plenamente satisfechos.

La mayor satisfacción y el mayor placer de los elegidos es haber vivido de acuerdo a sus ideales, pues el hombre es lo que piensa y lo que se dice a sí mismo, y el carácter al final de cuentas, es el conjunto o la suma de sus pensamientos convertidos en una realidad. Y así, el hombre puede ubicarse en lo más alto de la montaña o descender a los infiernos, según él mismo lo quiera o lo decida.

El carácter y el alma de una persona es su única y verdadera medida. Lo que posea materialmente es de poquísima importancia, sobre todo al saber cómo ha obtenido lo que tiene.

El hombre elegido sin ningún problema podrá resistir los ataques de la maldad. No es de extrañarse que su reputación podrá ser lanzada por los suelos por tratar hacer el bien, pero la reputación es solo eso, lo que la gente habla de uno, pero tratándose de nuestro carácter y de nuestra alma, somos invulnerables, pues es lo que realmente somos.

Los tiempos de crisis y de peligros son los que al fin de cuentas nos dicen quienes somos, y le demuestran al mundo que aún estando en desventaja, podemos salir adelante.

¿Somos los elegidos? Todos creemos conocernos, pero la mayor parte de las veces tenemos una idea equivocada de lo que realmente somos. Sí, casi todos sabemos lo que nos gustaría ser, pero no lo que somos. En el Templo de Apolo se encuentra la leyenda “Conócete a ti mismo”. Si lo llegamos a hacer, sabremos cuál es lugar que nos toca en el mundo. El que lo haga, encontrará la congruencia en sí mismo.