AMABILIDAD

Por
Mario Góngora H.

Quizá sea entendible que a algunas las personas se les dificulte amar a sus enemigos, sobre todo cuando son incapaces de amar amistades y parientes, pero sobre todo a sí mismos.

Si en esta vida no nos llevamos bien con un par de personas suena razonable, pero si esto mismo sucede con veinte o más, entonces debemos sospechar que los que tenemos problemas somos nosotros.

Pero ser amables con los demás, con todos, rompe con los obstáculos y los abismos entre las personas. Las actitudes de la gente son predecibles. Si son insultados o ignorados, responderán de igual forma, sobre todo si nuestras palabras fueron injustas. Si nuestras palabras son amables a pesar de recibir una falta, el acercamiento es inminente.

Si ante una falta cometida la culpa no es repartida, la reconciliación es prácticamente imposible, y a veces es difícil definir si lo que nos une con los demás son las diferencias o las afinidades. Las barreras entre las personas muchas veces son superficiales.

El arte de no tener enemigos descansa en tratar amablemente y por igual a todos, en hablar bien de todos, sin importar clase social ni religión. A todo mundo le gusta ser tratado bien y todo mundo también, resiente el ser ignorado y mal tratado.

Hablar bien de los demás cuando no están presentes, siempre generará buena voluntad y nunca sonará a adulación.

Todo ser humano tiene cosas positivas o ha realizado acciones buenas. Todo mundo tiene algo que puede ser ensalzado, pues la alabanza realizada con juicio, genera aprecio y estimula el mejoramiento de todos, mientras que la crítica y la censura sin fundamento, destruyen. Podríamos decir que la amabilidad y la alabanza cuando son justas no hacen ni presuntuoso ni presumido a nadie, sino le dan confianza. Con amabilidad podemos conseguir mas aprecio en un día, que en un año tratado de que los demás se interesen en nosotros.

El interesarnos en las palabras, las ideas, los planes y propósitos de los demás, siempre será tomado como una muestra de amabilidad, simpatía y amistad. Pero si siempre criticamos cuanto escuchamos, generamos barreras y enemistades en toda relación.

La amabilidad es una ventaja generadora de paz solamente cuando se hace con medida. Cuando se exagera, se convierte en adulación. La sinceridad es la que media entre las dos.

Es interesante notar que el hombre que alcanza la mayor felicidad no necesariamente es el de mayor talento ni el mas estudiado, sino el que es amable, cordial y cortés.

“Una persona amable es aquella que por su actitud afable, complaciente y afectuosa, es digna de ser amada”.