¿PARA CUÁNDO SON LAS ALAS?

Por
Mario Góngora H.

Todos somos llamados a la acción, no a la pasividad, pues la fe no es una cosa pasiva, no es solamente ponernos de rodillas y orar. Es entregarnos a la actividad, a la participación y la acción. Es intentar cumplir todos con todo lo bueno dentro de nosotros. Es vivir de acuerdo a nuestros Principios aunque se oponga el mundo entero.

Es posible que podamos sentirnos como gorriones en una jaula, pero la realidad es que somos prisioneros de nuestras propios miedos y limitaciones mentales, y las puertas de nuestras jaulas han estado siempre abiertas. Todos tenemos la obligación con nosotros mismos y con los demás, de iniciar nuestra resurrección antes de partir de este mundo, de dejar un legado para todos. Si no, entonces, ¿para cuándo son las alas?

A pesar de que el hombre a últimas fechas vive sumergido en la obsesión del dinero y todo aquello que quiere comprar, a pesar de que ponemos todas nuestras fuerzas en dominar y adquirir lo material, sabemos que encontramos la vida solamente en nuestros ideales, en nuestras emociones, en nuestra conciencia tranquila y en nuestras convicciones.

La mayor parte de los seres humanos contamos con la bendición de la esperanza, de estar totalmente convencidos de que nuestros sueños se convertirán algún día en realidad, siempre y cuando estemos dispuestos a actuar. No existe un hábito que más nos impulse, como el de tener confianza, en que veremos convertidas en hechos nuestras aspiraciones, que las cosas sucederán como lo planeamos, que alcanzaremos el éxito. Que no importe lo que suceda, hemos de ser felices.

No hay nada que nos haga más bien que mantener una actitud optimista, la del que siempre busca, trabajo y encuentra lo mejor. “Los únicos interesados en cambiar el mundo, son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay” (José Saramago). ¿Cuáles partidos políticos nos ofrecen cambiar el mundo y hasta acabar con la pobreza?

Las alas son para ahora. En estos tiempos políticos, más nos vale iniciar el vuelo y no quejarnos, pues si no hemos ejercitado nuestros derechos de ciudadanos y hemos dejado que los que nos gobiernan se comporten como dictadores, es que nos agarraron dormidos o peor, que estamos en complicidad con ellos. Estos son tiempos de aduladores, que por la migaja de un puesto venden su alma al diablo. No olvidemos que a los políticos los criamos y los encumbramos nosotros mismos. La mayor parte de los políticos actuales han visto que nosotros nada queremos hacer, por lo que adjudican el derecho nuestro y el de ellos mismos en un afán de enriquecimiento personal. ¿Alguien piensa que existe un político que realmente se interese en los demás y no en sí mismo?

Nunca olvidemos que un funcionario público, por muy prepotente que se vea y se sienta, no sino un empleado nuestro, cosa que no desconoce pero sí niega por sus acciones. Nosotros le pagamos para que desempeñe ese trabajo, no para que abuse del poder y de paso de nosotros. Está ahí, porque nosotros o no quisimos, no pudimos, o las mafias de los partidos no nos dejaron participar.