Por
Mario Góngora H.
Existen muchas formas de ser generosos, que es el dar a los demás sin pensar en uno mismo, ni en la retribución a nuestra generosidad. Significa otorgar consuelo, consejo, tiempo, palabras de aliento, alimento, esperanza, bebida, enseñanza y conocimiento, amor, dinero, etc. Sin embargo, dada la presente crisis de seguridad más que económica, es fácil dudar del que solicita o necesita algún tipo de apoyo. ¿Será acaso ladrón, violador, asesino, secuestrador, un pobre adicto o una persona que auténticamente necesita de nosotros?
Recientes estudios concluyen que la generosidad es genética. A unos se les facilita serlo y otros no, pero todos encontramos que ayudar al que lo necesite es hacer algo por nosotros mismos. Es mucho mejor olvidarnos de los favores que hemos hecho y acordarnos de los que hemos recibido. La felicidad está en dar y el que es generoso, nunca camina solo.
Debemos ser precavidos con la “caridad organizada”, pues generalmente algunas instituciones de beneficencia o altruismo, de diez pesos recibidos, el pobre, el necesitado, solo recibe uno. Renta, sueldos, infraestructura, vehículos, bonos, etc., se toman el resto.
La generosidad en ocasiones es explotada políticamente, como lo hace con frecuencia la izquierda en su afán populista. “Demos a los pobres lo que le quitemos a los ricos explotadores…acabemos con el capitalismo…” Recientemente vi y escuché la entrevista que le hizo la BBC de Londres a Hugo Chávez presidente “legítimo” de Venezuela. A la solicitud que diera su opinión sobre qué pensaban los venezolanos de su amplia generosidad ayudando a los ciudadanos londinenses, cuando la pobreza en Venezuela afectaba a una mayoría de la población, respondió: “Esa es una pregunta estúpida, y si la contesto, tendría que ser una respuesta también estúpida, por lo que mejor no contesto nada…” País rico y generoso, ciudadanos pobres.
Una gran riqueza tiene la ventaja de poder ser generosos, de hacer algo de mucho bien con ella, pero nadie ha amado a alguien solo por su dinero, ese no es amor, mientras que muchísimas personas son queridas por llevar algo en su corazón que pudieron ver y sentir los que asomaron a él.
No está mal ser generosos con nosotros mismos. Privarnos de más es tan malo como derrochar. Todo exceso es malo.
Ser rico y ser egoísta no es haber tenido éxito. Vivir, consiste en gozar de la vida ayudando a alguien que lo necesite. Es llegar, si fuera necesario, hacer un sacrificio por alguien más. Y como se puede ser generosos con muchas cosas, todos tenemos la oportunidad de serlo. Solo es cuestión de hacer la prueba.
