“CONTRA LA INJERENCIA EXTRANJERA, LA VIRTUD DOMÉSTICA”

Por: Mario Góngora H.

De lo que nuestro país puede tener más que todos los demás juntos, es futuro, porvenir. El mañana será lo que hoy empecemos a hacer. No son las oportunidades las que nos llevarán al éxito como país, sino somos nosotros quienes debemos generar esas oportunidades. Elijamos cuál será nuestro papel y luego tomemos cartas en el asunto.

No se trata que entre los ciudadanos todos pensemos igual, sino que sintamos la misma necesidad por mejorar el país. El carácter y el futuro de una nación es la suma del carácter de todos los que la formamos. Lo que nunca se inicia nunca se termina. Las naciones al igual que los hombres pueden morir de la mera inercia.

El que no tiene ideales solo vive en la pasividad y en la espera de la ayuda externa. Lo que construyamos y edifiquemos no debe ser solo para llenar la necesidad inmediata, sino para que la posteridad tenga algo que admirar y agradecer.
Ningún gobierno pude convertir al ciudadano en una persona honrada y capaz, amistoso, o caritativo. El carácter individual no es cambiable ni por gobiernos dictatoriales. En todo caso, pretenden quitarles a unos para darles a otros.
La iniciativa individual, que la antigua y anticuada izquierda pretende restringir y estorbar, es tan necesaria para la vida material y espiritual del hombre, que a pesar de todo, se le sigue dejando en relativa libertad. El éxito no nos llega por solamente decretarlo, ni por accidente, sino como un resultado lógico de las leyes naturales, pues para que cada cosa pueda ser realizada, tiene antes que ser imaginada y con lujo de detalles, derivándose de esto un plan específico.

La virtud doméstica es olvidarnos que siempre hemos tenido una escasez de aspiraciones que exigen un esfuerzo individual, disciplina y sacrificio, sobre todo en estos tiempos que muchos no saben para qué trabajan.

Algunas ideas políticas cabalgan sin ensillar el caballo. Antes de hablar de redistribución de la riqueza, hay que crearla, generarla; tenemos la capacidad de crearla mucho más allá de muchos países considerados ricos.

Nuestro país es potencialmente rico, pero nunca hemos producido lo suficiente para que todos podamos mantenernos con decencia ni tampoco mantenemos reservas significativas.

Mientras sigamos pensando que la causa de nuestra pobreza reside fuera de nosotros mismos, nuestros males como nación no tendrán remedio.
Contra la injerencia extranjera, nuestro progreso depende de que tengamos un buen plan de trabajo a cuya ejecución nos aferremos pase lo que pase y de producir con calidad óptima al menor precio posible. “Una buena causa hace al corazón valiente y al brazo, fuerte”.

Crear algo que realmente valga la pena es siempre tarea del individuo y no de las masas. Los planes y el fundamento de la libertad descansan en el carácter individual y éste es la única garantía de seguridad social y del progreso universal. Todo lo que aplasta al individualismo, es despotismo. El amor por el trabajo, por el hogar, por el arte, por la libertad, por la salud, por la limpieza y el auto control, necesariamente nos unirán en un país próspero y respetable-