UNA HISTORIA DE ÉXITO

(QUE SE INICIÓ UNA NOCHE BUENA)
Tomada de una trascripción de Don Nabor Hernández
Por Mario Góngora Hernández
Tercera parte

“Como un mes después de esta entrevista y cuando yo casi la había olvidado ya, me encontré una noche con Noriega, un antiguo compañero de escuela y reportero de un diario. ¡Hola viejo!, ¿Qué tal te trata el mundo? Fue su saludo. Así, así, le contesté tristemente; en cambio tu revelas prosperidad, cuéntame cómo ha sido ese cambio. Conmigo todo va saliendo a pedir de boca ciertamente. ¿Conoces a Bretón? Todo se lo debo a él. Yo estaba arruinado, pensando en la morgue y quien sabe que mas y buscándote para pedirte prestado a fin de pagar la renta de mi cuarto, cuando encontré a Bretón…”

Me contó una historia: deveras viejo, es la historia más interesante que se puede oír, el oírla me convirtió en otro hombre, en el término de 24 horas estaba de nuevo en pié y desde entonces no conozco cuidados ni molestias.

El relato de Noriega, hecho con toda calma y con el aire del que acaba de pronunciar un axioma, me hizo recordar la conversación con Bretón, aquella noche tormentosa de Noche Buena, allá en el restaurante. Debe ser una historia interesante, dije con incredulidad; Bretón me habló de ella una vez y desde entonces no le he vuelto a ver, ¿sabes tu en dónde está?

Estuvo trabajando en el frente de batalla por cuenta de un periódico, con un enorme salario y acaba de regresar. Es un hecho que todo el que ha leído esa historia ha cambiado de circunstancias desde luego. Ahí tienes a Somohano y a Arizti, por ejemplo. Uno es comerciante y el otro es corredor. Bretón les contó la historia y ambos experimentaron el mismo cambio que yo, y te digo en verdad que no son los únicos. Si sabes esa historia, le dije, experimenta en mi sus efectos. Con todo gusto. Yo quisiera imprimirla en grandes caracteres y tapizar con ella toda la superficie del globo terráqueo, haría un bien inmenso. Pero dispénsame un momento, que ahí viene Suárez con quien necesito hablar, estaré de vuelta en un instante.
Lo vi llegar donde estaba la persona quien había llamado Suárez; después me distraje un momento y cuando volteé ambos habían desaparecido. Para decir verdad, yo tenía hambre y solo llevaba en el bolsillo cinco pesos, insuficientes no digo para comer, sino aún para pagar el pasaje del camión. Recordé de una tortería cercana, cuyo dueño me conocía y acudí a él en demanda de crédito. Estoy quebrado nuevamente le dije, y necesito que me fíe otra vez. Me basta con unos huevos y una taza de café.

Él tosió, vaciló un momento y dirigiéndose al que estaba en el despacho le dijo que yo era uno de sus antiguos clientes y que podía darme lo que pidiera. Lugo me dijo que aquella persona era el nuevo propietario, que le acababa de vender el puesto. Me preguntó si no era yo amigo de Bretón y yo contesté afirmativamente, pero solo con la cabeza, pues las palabras se me anudaron en la garganta.

Bueno, continuó, Bretón vino hace como un mes y me contó la historia más maravillosa que he oído; sus conceptos despertaron en mi nuevas aspiraciones, vendí la tortería y estoy instalando un buen restaurant en un céntrico lugar, en donde espero que me visite usted con frecuencia. Diciendo esto, se alejó sin darme tiempo a contestarle y yo me puse a desayunar silenciosamente, tomando al mismo tiempo la resolución de no irme a dormir mientras no hubiera escuchado esa historia que para mi iba siendo ya una pesadilla y una superstición, puesto que había hecho la fortuna de tantos, bien podría también hacer la mía. (CONTINUARÁ)