Por
Mario Góngora H.
Casi todo lo que vemos, lo que sentimos y lo que escuchamos en la vida toma la forma que le damos en nuestra imaginación. Si vemos las cosas en un espejo distorsionado, el del pesimismo, nuestros sentidos las convertirán en cosas monstruosas. Así que si vemos las cosas, a voluntad, en el mejor espejo que podamos, aún si las exageramos, es más conveniente que lo hagamos por el lado del optimismo.
Dependiendo de cómo guiemos nuestros pensamientos—pues nosotros podemos tener un control absoluto sobre ellos—las cosas feas pueden ser bellas, las malas pueden ser buenas, las grandes pueden ser pequeñas, todo por comparación o por contraste.
Así como la tierra se prepara para obtener una buena cosecha; así como un niño estudia y se cultiva para desarrollarse en un buen hombre, así nuestros pensamientos maduran y podemos iniciar su transformación en hechos. Y lo que en un momento llegamos a pensar que es un mal, pronto descubrimos que es un bien disfrazado. Lo inevitable casi siempre es en nuestro provecho, pero los males que nos aquejan casi nunca son inevitables. Normalmente son provocados nuestra actitud mental, y muchas veces, por la falta de la misma.
Algo ya común en nuestra sociedad, es el miedo. Casi siempre nos encontramos temerosos de algo o de alguien: por la salud, por el empleo, por la muerte, por la violencia, por lo que pensamos es nuestra apariencia, por nuestras acciones, por lo que los demás piensen de nosotros, por la intolerancia del gobierno y quizá lo peor, por lo que pensamos de nosotros mismos referente a nuestras capacidades. El pesimismo es experto en generarnos temor de todo y de todos.
Todos aquellos pensamientos que nos llevan al pesimismo y a la depresión son rápidamente destruidos en el momento en que son expuestos a la luz del conocimiento y del análisis sacándonos de la ignorancia. En la obscuridad de nuestra ignorancia, se crían todo tipo de bichos y de monstruos, pero dejan de existir, mueren, si las exponemos a la luz de la razón y de la Fe.
Los buenos tiempos, en realidad, no difieren mucho de los tiempos malos. Todo lleva un ciclo y todos pasamos por altas y bajas y también debemos ser concientes que existe una diferencia entre imaginar y pensar. En la imaginación utilizamos imágenes y en el pensamiento conceptos, más ligados con la conciencia, con la abstracción y con la generalización.
“El estado de nuestros pensamientos determina nuestra vida y la vida cambia cuando cambian nuestros pensamientos. Si la vida que vives no te gusta, cambia tu forma de pensar…”
